¿Cómo cuidar mejor mi ropa?

Lavado de la ropa

Primer consejo, lava y plancha menos. Así es, usa más veces tus prendas antes de lavarlas. Sobretodo con telas gruesas o más pesadas, como la mezclilla o la lana. Hay prendas como la ropa interior o íntima que sí se debe lavar cada vez que se usa por cuestiones de higiene. Por lo demás, no es necesario lavarla tras cada puesta. A menos que esté sucia o comience a oler, podemos obviar la lavada por unas cuantas ocasiones. Esto además de ayudar a cuidar el agua, también puede ayudar a que la prenda dure más.

Justo una de las innovaciones en las que hay mucho enfoque para la sostenibilidad es el que cada vez tengamos que lavar menos nuestras prendas. Así como el ejemplo que ya mencionamos del emprendimiento innovador de Organic Basics ha desarrollado ropa interior que se puede usar varias veces antes de lavarse, de igual manera hay varios proyectos sostenibles que lo que buscan es que se tenga que lavar cada vez menos las prendas para usar y contaminar menos el agua.

Al momento de lavar, un gran problema pueden ser los detergentes y las toallas o cualquier otro elemento que echamos junto a la carga para lavar o suavizar. Una opción en el tema es utilizar detergentes biodegradables. Usando los recursos adecuados podemos hacer que esta agua sea fácil de reciclar para otros propósitos. Muchas veces son los químicos usados en los detergentes el problema, entonces buscarlos de alguna manera ecológicos o sostenibles ayuda a reducir el impacto en el ambiente.

Una opción que está surgiendo en el mundo son detergentes con base de aceite de oliva o de vinagre, incluso en opción reciclada. Además de lavar, prometen suavizar la ropa.

No sólo es con los detergentes, también con los blanqueadores. Para quienes tienen la práctica de usar blanqueadores, pueden usar mejor opciones naturales. Algunos aconsejan que se puede blanquear la ropa metiéndola en agua caliente con agua oxigenada o bicarbonato. Evidentemente según el método utilizado dará diferentes niveles de blanco, dependerá de la prenda cuál de estas opciones usar. También remojar la prenda en jugo de limón es un hábito acostumbrado para blanquear. Después, evidentemente, hay que lavar la prenda. No queremos oler a limón ¿o sí?

Hay que encontrar maneras de reciclar el agua que usamos para lavar. Si usamos productos que no lastimen el medioambiente, esa agua utilizada para lavar la podríamos reutilizar para riego, lavar el auto y más, por ejemplo.

Cómo cuidar mi ropa

Otras formas de quitar malos olores de la ropa

Lo mejor es voltear a ver las costumbres y cómo se hacía antes. Cuando el olor no es por sucio sino sólo por “usado”, lo que podemos hacer es - como se hacía antes- sacar la ropa a que se ventile. Sólo es colocar la ropa donde le dé el aire y, tal cual, se ventile. Un ejemplo muy claro es después de una reunión y llegamos a casa la ropa suele seguir oliendo a fiesta. Si esas prendas las dejamos un día tendidas en un espacio abierto, y claro si el olor no es muy fuerte, ese olor se le quitará.

Con prendas como la mezclilla, después de varias puestas si es sólo el olor lo que queremos quitar, lo que se puede hacer es meter la prenda en el congelador por un día. Esta práctica hará que se le quite el olor y matar las bacterias que pudiera tener la prenda.

Cómo usar la lavadora

Seamos sinceros, no siempre vamos a lavar a mano y no se trata de satanizar las máquinas. Sólo es cuestión de usarlas mejor.

Primero, sólo usar la lavadora con cargas completas. Lavar pocas prendas o medias cargas es un desperdicio enorme de agua. Es mejor esperar a tener cargas completas... o compartir con otras personas para tener cargas completas. Usar lavadoras grandes con más prendas o cargas más grandes es una forma de eficientizar el uso de agua y de la energía de las máquinas ya que no debemos hacer varias lavadas para lavar todo. Si no podemos llenar la carga completa, una opción es ajustar el nivel de agua requerido según el tamaño y tipo (si son toallas, mezclilla, ropa blanca, etcétera) de la carga de ropa.

También, lavar con agua fría o sólo tibia es una buena práctica. Dependiendo de la delicadeza, los colores y el tipo de prenda, se hacen recomendaciones de qué temperatura usar para lavarla mejor. Sin embargo, cuando sea posible hay que lavar con agua fría. El evitar el agua caliente ayuda a reducir la energía que requiere para tener esta temperatura. Cuando necesitemos lavar con agua caliente, 30ºC es una buena opción. Si comparamos esta temperatura con 90ºC que es lo que se recomienda en ocasiones con la ropa es blanca o que está muy sucia, podemos ver que sí hay una gran diferencia. Por eso es importante reducir la temperatura cuando sea posible.

Ahora bien, no todo el enfoque está en las prendas sino también en las máquinas mismas. Elegir máquinas que eficienticen más la energía es una forma más de tener un buen impacto. Máquinas de alta eficiencia nos ayudarán a tener mejor uso del agua y la energía. Y no hay que olvidar que hay que darle servicio a las máquinas. Darles el servicio adecuado en el momento en que lo necesitan harán que se use mejor el agua y la energía, que se cuide mejor nuestras prendas, y que dure más la máquina.

Finalmente, recuerda antes de lavar la prenda si en verdad necesitamos mandarla a lavar o sólo quitarle una mancha o un detalle en específico. Manchas de maquillaje, comida u otros accidentes que podemos tener se pueden quitar sin necesidad de mandarla a lavar.

Secado de la ropa

Lo mejor, usar lo que tenemos: Sol y viento. Antes de usar una secadora, una excelente opción es colgar la ropa en el Sol en un espacio abierto para que se seque. Los tendederos son una excelente opción que podemos adaptar en cualquier tipo de espacio. No es necesario entonces tener un gran patio donde podamos colocar las prendas.

Si es necesario usar secadora, al igual que la lavadora, hay que procurar usar cargas completas y darle preferencia a máquinas que sean eficientes con los recursos y la energía.

Planchado de la ropa

Este punto a muchos nos podría recordar un poco la frase que Adolfo Domínguez utilizó para promocionar su marca y sus piezas de lino: “La arruga es bella”. Planchar es una manera en la que se gasta energía y donde justo podemos reducir el impacto.

Antes que evitar planchar, ya hay varias prendas que no necesitan ser planchadas. Desde camisas hasta pantalones, ya hay una gran variedad de prendas que ya sólo deben ser lavadas y nunca planchadas. De hecho, es así como se promocionan. Así que este tipo de prendas es una buena opción. Otra opción es planchar sólo cuando sea verdaderamente necesario. Aquí incluyendo el desarrugar con las estaciones de vapor.

Hay muchas maneras de evitar el planchado. Primero, colgar bien la ropa. Muchas veces es que está mal doblada, amontonada o no bien colgada lo que hace que se arrugue. También, si recién salida de secar la ropa se plancha en frío con la plancha apagada o bien con algo que haga peso, se puede planchar así la ropa. Es importante guardar y colgar bien la prenda después de esto.

Ahora bien, parecería que todo es haz menos y limpia menos. Si bien sí se trata de usar de forma más eficiente la energía, no se trata de no limpiar. Al final, la higiene es un tema importante. Estas prácticas, incluso planchar, son costumbres que se fueron creando no sólo por cuestiones estéticas sino por temas de salud. Lavar y planchar ayudan -como puede ser muy evidente- a matar bacterias y eliminar cualquier tipo de problema -incluyendo pequeños insectos que puedan provocar infecciones o cualquier otro complicación grave de salud. No hay que olvidar que lavar y planchar han salvado miles de vidas a lo largo de la historia.

Para concluir estos consejos, aún hace mucha falta hacer estudios profundos sobre estas prácticas y consejos para conocer el impacto real. Si bien hay algunos artículos e investigaciones que lo hacen, falta un enfoque de la academia para aclarar cuál es el impacto medido de estos consejos para ver qué hacer y qué se queda en tradiciones de familias y culturas. Sólo así podremos ir adoptando
excelentes prácticas hacia la sostenibilidad.

Las 4 Rs: Reducir, reutilizar, reparar, reciclar las prendas de vestir

Si muchos consejos nos aturden, quizá es más fácil resumirlo en cuatro puntos: reducir, reutilizar, reparar y reciclar.

Primero, reducir

Hay un movimiento que propone llevar un estilo de vida más minimalista e invita a tener un clóset con sólo 33 piezas. Quitando uniformes, ropa interior y accesorios sentimentales como anillos de matrimonio, debemos armar guardarropas completos de no más de 33 piezas, según esta filosofía. Es un gran reto sin duda y quizá algo limitado. Sin embargo es una buena propuesta para saber que no se necesita tener tanto para tener un armario completo. Reducir es una forma de desperdiciar menos, gastar menos y usar de forma más eficiente los recursos que hay detrás de una prenda.

Hoy en día, es una práctica común comprar ropa y nunca usarla. En general, la gente sólo usa el 20% de las prendas en su clóset. Con datos así, ¿por qué no considerar tener menos? Tan sólo lo esencial, lo que sí se necesita y sí se ocupa.

También, no hay que olvidar que el uso correcto de los recursos es parte de la sostenibilidad pues así aseguramos la resiliencia de estos y de su abundancia para generaciones futuras.

Reutilizar puede ser de muchas maneras.

Desde regalar ropa en buenas condiciones para que se le siga dando buena vida a esa prenda, hasta usar telas viejas para otros fines.

Como ya se ha mencionado antes, la ropa de segunda mano es una forma de extender el uso de los recursos y seguir dando vida a la prenda. Entonces regalar o vender prendas en buen estado a otros es una excelente forma de ayudar a usar bien los recursos y de ser más sostenibles. También, si hay alguna prenda que ya no está en buen estado pero aún tiene partes que sí, hay que reutilizar esas partes. Por ejemplo, botones, la cremallera, u otros elementos que se puedan volver a utilizar. O bien, si la prenda tiene partes de las telas que se pueden volver a usar, también hay que hacerlo. Aquí un ejemplo sencillo es que si hay unos pantalones largos que la parte de abajo está maltratada, podemos cortarlos y convertirlos en bermudas. Lo último es, costumbre que muchos hacen, aquellas prendas viejas usarlas para otros fines; como trapos de limpieza, por ejemplo. Lo importante es pensar, antes de tirar, cómo podemos rescatar la prenda o parte de la prenda y extender la vida de esos materiales.

Lo que hemos olvidado pero debemos retomar: reparar.

Dentro de tantos buenas memorias, recuerdo visitar varias veces a mis abuelos y encontrar a mi abuelo reparando su ropa. Antes rezurcir calcetines, por ejemplo, era una práctica común de las familias. Poner parches o reparar los pequeños hoyos o manchas de una prenda era parte de lo que uno hacía. Hoy en día, ¿cuántos de nosotros reparamos nuestras prendas? ¿Acaso no es una costumbre simplemente deshacernos rápido de ellas?

Definitivamente esta es una de las costumbres que debemos retomar: reparar nuestras prendas. ¿Qué tanto se puede reparar?

La lista es enorme: hoyos en los calcetines, botones desprendidos, hilos sueltos, pequeñas manchas en las prendas; en fin.

Aquí es importante recordar que entre más pronto lo reparemos mejor. Una mancha de maquillaje o ropa, por ejemplo, saldrá más rápido y quedará más limpio si lo arreglamos a tiempo.

Finalmente, reciclar.

El reciclaje es por excelencia el tema de la sostenibilidad pues es lo primero que viene a la mente cuando pensamos en prácticas que cuidan el medio ambiente. De hecho, muchas de las políticas públicas e iniciativas privadas comienzan ahí: reciclando la basura. Aquí igual, reciclar es un punto básico e importante.

Para reciclar, igual que para reutilizar, hay muchas opciones. Se puede reciclar parte de las telas u otros materiales de la prenda para hacer nuevas prendas, accesorios u otros objetos. Desde vestidos que pueden convertirse en fundas de almohadas o en cortinas, o también en relleno de cojines y almohadas. Pensemos en el vestido de novia, un vestido que la gran mayoría usará una sola vez en su vida. Por el costo y calidad, ¿no valdría la pena seguir usándolo? Este vestido se podría adaptar para ser un vestido menos formal y poderlo usar en otros eventos.

Un último punto que hay que considerar dentro de reciclar es el momento en que vamos a tirar la ropa a la basura. Aunque en la mayoría de los casos la basura sólo se tira dividida en orgánica e inorgánica, hay que comenzarlo a hacer más especializado. Al igual que las baterías y los electrónicos se tiran por separado, la ropa debería tirarse en un lugar especial. Así, expertos podrían recuperar materias naturales, reciclar los plásticos y materiales sintéticos, e incluso darle uso a lo eléctrico que cada día más es parte de la prenda.

Adoptar estos cuatro pasos se verá reflejado en un impacto positivo en el medio ambiente al comprar menos y que esto reduzca el uso de materia prima, químicos y otros recursos.

Las finanzas personales también es cuestión de sostenibilidad

La moda y las finanzas personales están más conectadas de lo que parece; y con la sostenibilidad también. El cómo compramos y porqué lo hacemos acaba afectando nuestro bolsillo y podemos tener un mejor impacto ambiental y social si mejoramos nuestras prácticas financieras.

Primero, y lo más importante, es parte de la sostenibilidad llevar una vida financiera sana. Entonces, endeudarse para comprar ropa es un grave error. Comprar ropa y accesorios debe ser parte de nuestro presupuesto planeado. Tal como en la película Confessions of a Shopaholic, en el mundo real mucha gente se endeuda para continuar comprando. Ahora bien la única razón en que podríamos gastar un poco más en ropa, contemplando claro que hay que pagarlo de forma planeada en los días o meses que vienen, es cuando hay que comprar ropa por trabajo, una entrevista o razones relacionadas de suma relevancia. Es válido armar un guardarropa para razones así, pero hay que hacer un plan donde sepamos cuánto podemos pagar en crédito en los siguientes meses.

Segundo, cuidado con los descuentos. Cualquiera puede sentirse atraído por los descuentos y puede creer que es el mejor momento para comprar cuando se ve uno. Pero de igual manera hay que meditarlo antes de usarlos.

No en todos los casos es igual, pero hay que tener cuidado con los descuentos falsos. Antes de comprar hay que revisar que en verdad se trate de un descuento y no de sólo un truco publicitario. Hoy en día, con la información tan cerca a nosotros podemos revisar de forma fácil y comparar cuál es el mejor precio para lo que queremos comprar. También, hay que tener cuidado con las compras a meses. Hay que tener mucho cuidado con que en verdad sea a meses SIN intereses y que no nos caiga la sorpresa de que trae intereses nuestro pago diferido. Y aunque esto ya es un consejo más sobre finanzas personales, cuidado incluso en los meses sin intereses. Luego por hacer “pagos pequeños” mes con mes, acabamos con una deuda enorme de colecciones de “pagos pequeños” que hay que pagar mes con mes.

Además, antes de comprar en promoción hay que pensar dos veces. Muchas veces acabamos comprando más sólo por comprar con cierto descuento. En promociones como “3x2” y parecidas hay que pensar tanto en el presupuesto como en los productos que nos vamos a llevar. ¿En verdad necesitamos tres productos? ¿Los podemos almacenar y usar antes de que tengamos que tirarlos o desperdiciarlos?

En pocas palabras, hay que comenzar a hacer compras más racionales y menos impulsivas.

Cuando hablamos de temas financieros relacionados a la moda, no podemos quitar del mapa el endeudamiento de los campesinos para poder cultivar y competir produciendo algodón. Si bien algunos países y empresas ya han tomado manos en el asunto, aún sigue siendo un problema el que los agricultores tengan que vivir en deudas sobre deudas que los han orillado a considerar incluso el suicidio como única opción. Es importante que dentro de toda la cadena de la industria de la moda mejoremos la calidad financiera en la que se compra y trabaja para que todos podamos disfrutar de las prendas y no caer por gusto u obligación en un ciclo financiero que ahogue nuestras vidas.

Preguntas para hacerse antes de comprar ropa o complementos

¿Lo necesito?

Lo primero que debemos preguntarnos es si en verdad necesitamos el producto que vamos a comprar. Primero, porque menos consumo significa menos basura. Pero sobretodo porque si en verdad no lo necesitamos y por ende no lo compramos estamos haciendo un consumo ético que tendrá beneficio en nuestras finanzas personales, le damos más utilidad a las prendas pues tendremos las que en verdad necesitamos y usamos, y rompemos con un ciclo de consumismo innecesario.
Para saber si comprarlo o no, recomiendo La regla de 10. Pensemos si la compramos o no cómo nos sentiremos o qué pensaremos de tener la prenda o no en 10 minutos, en 10 días y en 10 meses. Pensar en corto y largo plazo puede ayudarnos a tomar mejores decisiones, en este caso, de compras.

¿Lo puedo usar con otras prendas (colección y conjuntos)?

Muchas veces se quedan las prendas guardadas y nunca usadas no porque sea mala ropa sino porque no tenemos con qué combinar la pieza. O bien, muchas veces sólo por comprar una prenda tendremos que comprar varias más para armar conjuntos.
Para evaluar una prenda y decidir si la vamos a comprar o no, funciona visualizar con qué prendas y piezas que ya tenemos la podemos usar. ¿Combina con otras prendas? ¿Va con mi estilo general? ¿La puedo usar con varias otras prendas que ya tengo? ¿Puedo armar varios conjuntos con otras prendas que ya tengo? Profundizaremos este tema en el siguiente capítulo donde hablaremos sobre crear nuestro propio estilo.

¿Lo voy a usar?

Hay muchas razones por las que nos puede gustar y llamar la atención una prenda. Los colores, se le ve bien a alguien que acabamos de ver, tiene un buen descuento, el cómo se ve en la tienda, en alguna foto, etc. En fin, razones por las que nos puede interesar una prenda son infinitas. Pero también es importante detenerse a pensar si vamos a usar las prendas.
Aquí entra la importancia de probársela antes de comprar. Además de la experiencia, esto nos ayuda a saber si en nosotros se nos ve bien, si nos queda, o no.
Pensar en porqué estamos comprando y si tenemos una razón real para usarla sirve mucho. También es importante pensar en si la vamos a usar más de una vez y si no si podemos extenderle la vida regalándola, rentándola, o cualquier otra opción. Si sólo se va a usar una vez o nunca, la mejor opción es no comprarla. Quizá una mejor opción es pedir una prestada o por ejemplo armar un conjunto con lo que ya tenemos.

No olvides programar compras y presupuestos

Antes de salir a comprar, planeemos. Dediquemos tiempo en pensar qué es exactamente lo que necesitamos y cuánto presupuesto tenemos para comprarlo. Una vez en la tienda mantengámonos dentro del presupuesto y comprando lo que necesitamos y buscamos. Hacer compras compulsivas afecta nuestra economía y además endeudarse por ropa no es correcto. Las deudas inteligentes son inversiones que a largo plazo nos generarán más ingresos o ganancias. La ropa, no lo es.

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